sábado, 15 de noviembre de 2014

Orden de Avis

El reino de Portugal, fundado en 1128, fue no sólo contemporáneo con las Cruzadas sino que realizó una propia contra los musulmanes. Algunos cruzados estaban obligados únicamente por votos temporales y cuando éstos expiraban, a veces regresaban a sus países aunque la guerra no hubiese terminado. Esto explica el favor con que se miraba a las órdenes militares más allá de los Pirineos, en Portugal así como en España; pues en ellos el voto de luchar contra los infieles era perpetuo, como los demás votos monásticos.
Ya para 1128 había Caballeros Templarios en Portugal y recibieron una concesión de la reina Teresa en el año del concilio de Troyes, que confirmó sus antiguos estatutos. Hacia 1146 surgió en Portugal una orden nativa de este tipo. Alfonso, el primer rey, le entregó la ciudad de Évora, arrebatada a los moros en 1211, y los caballeros fueron llamados al principio “Hermanos de Santa María de Évora”. Pedro Enríquez, un hijo ilegítimo del padre del rey, fue el primer gran maestre. Después de la conquista de Avis, el castillo militar erigido allí se convirtió en la casa madre de la orden y se les llamó “Caballeros de San Benito de Avis”, ya que adoptaron la Regla de San Benito en 1162, según modificada por Juan Ziritu, uno de los primeros abades cistercienses de Portugal. Como los Caballeros de Calatrava en Castilla, los Caballeros de Portugal debían a los cistercienses su regla y su hábito ---una capa blanca con una cruz flordelisada verde. Los Caballeros de Calatrava también les entregaron algunos de sus lugares en Portugal con la condición de que los Caballeros de Avis se sometiesen a la visita de su gran maestre. Por ello a los Caballeros de Avis a veces se les consideraba una rama de la Orden de Calatrava, aunque nunca dejaron de tener un gran maestre portugués, dependiente del rey portugués en asuntos temporales.
                                       
                                          Castillo de Avis

Con el acceso al trono del rey Fernando (1383) estalló la guerra entre Castilla y Portugal. Cuando João I, que había sido gran maestre de Avis, ascendió al trono de Portugal, prohibió a los caballeros someterse a la autoridad castellana, así que cuando Gonzalo de Guzmán vino a Avis como visitador, los caballeros, aunque fueron hospitalarios, rehusaron reconocerle como superior. Guzmán protestó, y el punto siguió siendo un tema de discusión hasta el Concilio de Basilea (1431), cuando se declaró que Portugal no tenía razón. Pero el derecho de los de Calatrava nunca se ejerció y el siguiente gran maestre de los Caballeros de Avis, Rodrigo de Sequirol, continuó ejerciendo la autoridad suprema sobre ellos.
La misión de las órdenes militares en Portugal pareció fracasar  tras la dominación musulmana, pero las expediciones marítimas portuguesas les abrieron un nuevo campo. Los primeros desembarcos de europeos en África, la conquista de Ceuta por João I (1415), los ataques a Tánger bajo su hijo Duarte (1437) fueron también Cruzadas, inspirados por  un espíritu religioso y sancionado por bulas papales similares. Los Caballeros de Avis y los Caballeros de Cristo, vástagos de los Caballeros Templarios, realizaron hechos valerosos, unos con el infante Fernando y otros con Enrique, hermano del rey Duarte. Fernando demostró una no menos heroica paciencia durante los seis años de cautiverio entre los musulmanes, un largo martirio que después de su muerte lo colocó entre los bienaventurados (Acta SS., 5 junio).
Castillo de Alandroal, construido por la Orden en 1298 bajo el reinado de D. Dinis (1279-1325)

Pero este espléndido entusiasmo no duró. Pronto toda la nación se vio afectada por la riqueza que llegaba y la cruzada en África se degeneró en simple empresa mercantil y las bulas papales se convirtieron en medios vulgares de recoger dinero. Después de que el puesto de gran maestre se le concedió al rey a perpetuidad, se valió de los ingresos para premiar servicios de la armada o del ejército. Aunque la riqueza de los Caballeros de Avis no era tan grande como la de los Caballeros de Cristo, era bastante grande, conseguida de las 45 comandancias. El espíritu religioso de los caballeros se desvaneció y se separaron de sus hermanos clérigos que continuaron solos la vida conventual. Fueron dispensados de sus votos de celibato por el Papa Alejandro VI (1402), que toleró sus matrimonios para evitar los concubinatos escandalosos; Julio III (1551) les permitió disponer libremente de sus propiedades personales. La nobleza de nacimiento continuó siendo el principal requisito para los aspirantes a la capa, confirmado por un decreto de 1604. La reina María I, apoyada por el Papa Pío VI (1 de agosto de 789) intentó infructuosamente la última reforma. Finalmente Don Pedro suprimió las órdenes militares tras el fracaso de la usurpación miguelista (1834). 


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